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Huye Montero de su casa en busca de su sueño
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Cortesía Pablo Montero / Agencia Reforma México
Don Javier y sus hijos gozan con la música ranchera.

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Omar Cabrera
Agencia Reforma méxico
Publicado: 07.04.2008
MÉXICO, DF.- Su papá quería que Pablo Montero estudiara para que se hiciera cargo del negocio familiar, pero el joven quería probarse como cantante, así que dejó la vida cómoda de Torreón para conocer el hambre y los aprietos económicos.
Siguiendo los consejos de su papá, Óscar estudió la preparatoria, y durante esos años ejercitó sus dotes empresariales.
Con dinerito que ahorraba compraba bicicletas usadas que, después de darles una manita de gato, vendía en algunos espacios de las tiendas de telas de don Javier.
Los calores de su tierra natal lo animaron a invertir también en los helados. De estas actividades sacó para comprarse su primer auto (un Celebrity) cuando entró a la universidad.
Las clases de administración no lo animaron. Es más, estaban lejos de provocarle la emoción de la cantada. Aunque su papá estaba feliz de que se preparara para que algún día fuera él quien los manejara, Óscar empezaba a sentir que estaba sacrificando su propio sueño por cumplir el de otros.
Así que después de meditarlo, de poner sobre la balanza que su capricho de ser cantante significaba renunciar a la cómoda vida que tenía al lado de sus padres, dejó la Universidad Iberoamericana de Torreón en el quinto semestre.
La noche del 2 de febrero de 1993, Óscar tuvo una charla con su mamá. Le dijo que se iba a buscar suerte como cantante al DF.
En la casa, ubicada en la Colonia Torreón Jardín, un sector con viviendas de clase media-alta, sus hermanos y su papá ya dormían.
Su mamá no trató de detenerlo, por el contrario, lo animó y tras darle la bendición sacó de su bolsa mil 300 pesos, que Óscar guardó junto con los 5 mil que recibió por la venta de su Celebrity.
"Esa noche, después de que me contó sus planes le contesté: 'todo ser humano tiene su talento, pero pocos se dan cuenta de él. Tú tienes ángel, si no crees en eso no va a pasar nada'. Yo sabía que mi hijo iba a triunfar, sabía de lo que era capaz y confiaba en que Dios lo llevaría de la mano", dice doña Mercedes.
Con las maletas en las manos, echó un vistazo a los alrededores de la casa.
Sólo se escuchaban los cantos de los grillos del jardín que rodeaba la alberca, en la que pasó grandes momentos de diversión, como las competencias de clavados con sus hermanos Javier, Efraín, Oliver y Mercedes.
Rumbo a la salida se sintió con miedo, como alguien que busca su sueño por la puerta falsa, pero unos cuantos segundos después recobró el aplomo y se dijo que había que seguir adelante para demostrarse de qué estaba hecho.
Con insomnio y poco dinero
El viaje en camión no fue malo, pero Óscar no pudo dormir pensando en cómo le iba a hacer para conseguir trabajo y cumplir con sus clases en el Centro de Educación Artística de Televisa (CEA).
Como sabía del enojo que causaría a su papá si le informaba que iba a dejar la universidad, arregló meses antes, a escondidas de él, su ingreso a la escuela de actuación de la televisora de San Ángel.
Unas horas después de desempacar sus escasas pertenencias en un hotel de Avenida Revolución, Óscar pisó por primera vez las instalaciones de Televisa y con ello arrancaba su sueño de ser artista.
En el CEA conoció a Rodrigo Oviedo, un aspirante que como él buscaba ser famoso y quien tras escuchar la forma en la que el coahuilense había llegado a la ciudad, le ofreció posada en su departamento para que se ahorrara dinero.
Óscar aceptó de inmediato y fue por sus cosas al hotel, en el que nunca pudo pegar los ojos en los cuatro días que estuvo en él.
Don Javier también había pasado cuatro días sin poder conciliar el sueño. Estaba preocupado y molesto porque su hijo consentido lo había engañado.
Como sabía que su esposa le estaba enviando dinero, dizque a espaldas de él, le dijo de una buena vez que dejara de hacerlo.
"El hambre le tiene que calar y se va a regresar", le decía el papá de Óscar a su esposa.
No obstante, su hijo siguió recibiendo mil pesos al mes, cortesía de mamá.
A pesar de eso, Óscar conoció el rostro del hambre. Pasaba semanas comiendo solamente arroz con papás, porque no había para más. Y cuando se le acababa, "ordeñaba" la despensa de su casero.
Entonces, ya había sopita caliente en la mesa, y el postre era que nadie le reclamaba.
Eso, dice, era una señal de que la suerte no lo abandonaba.
Otro buen augurio fue conocer a Eduardo Verástegui, un tamaulipeco que también buscaba la gloria en el CEA, y trabajaba como barman en la Cantina Salamanca, en la Condesa.
Gracias a Eduardo, Óscar obtuvo su primer empleo en el DF, como cadenero del establecimiento, y para devolverle el favor, invitó a su amigo a compartir un espacio en la casa de Oviedo.
"Éramos seis o siete, dormíamos en fila como presos", recuerda Verástegui, quien ahora triunfa como actor de cine y productor en Hollywood.
Por romper un cristal del depa de Oviedo, en la Colonia Anzures, los corrieron por no querer pagarlo. Habían pasado seis meses ahí.
"Fue un accidente, abrí la ventana y se rompió el vidrio. Nos fuimos a otro depa cerca de Televisa. Óscar, entonces, comenzó a trabajar en el Cícero y yo en un bar", añade Verástegui.
Ambos amigos vivieron juntos un año más, en el que el tamaulipeco gozaba escuchar cantar a su amigo las canciones de Javier Solís.
En memoria de esos tiempos, Óscar le ha dado a su hijo Pablito, de 8 meses, que tuvo con su pareja, la modelo argentina Sandra Vidal, para que lo bautice.
Salida
Le agradaba la preparación que recibía en el CEA, pero no estaba dispuesto a dejar pasar cuatro años de formación para ir en busca de una oportunidad.
El dinero escaseaba y las carencias aumentaban, así que fue con un sastre y le encargó un traje de charro.
Aunque no estaba muy seguro de lo que iba a hacer, sí tenía en claro una cosa: su situación en el DF tenía que mejorar pronto.
La próxima semana: Pablo Montero recibe la aprobación de María Félix

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